24. AFDA


PORTAVOZ DE MAGISTERIO Y ESTILO

----- 1 MARZO -----
NÚMERO VEINTICUATRO



ÍNDICE. AFDA, 1 de marzo, 2013


Pregón: En tiempo de crisis, vuelta al primitivo ser de las cosas.
ReflexiónParábola que enseña a poner el alma entera. CUR.
Nuestra Escuela de Vanguardia: A pie de aula. Itinerario pedagógico por Madrid. Teódulo G. Regidor
Sala de profesores: Un día se habló del 98. R. Duque de Aza.
                             Actualidad de fray Gerundio. Apuleyo.
                             ¡Ojo con los libros de texto. Qhreuthz.
Tarimilla literaria: Papa Benedictus. Ángel Hernández.
                          Antonio Machado no se ha ido de Segovia todavía. Apuleyo.
Rincón de Apuleyo: Regreso a Granada. El arte sublime de la educación.
Soneto desde el sentimiento: La última lección. Á. Hdez
Nuestro castillo interior: Endecha por los niños de África. Miguel Combarros. E. Malvido.
Afderías: Disparatorio escolar. CUR  
Manos amigas informan: Tengo un hijo disléxico. Aure Bascuñana
Educación Física: 5. La Escuela Francesa de Gimnasia. Francisco Sáez.
EP 2013: Encuentro de primavera, 2013.

ADDENDA

Frase bíblica del mes: Dios nos bendiga y muestre su rostro radiante. Sal 67,2 QerhuteV.
Documentos de oro: Declaratio. Benedicto XVI.
Colaboraciones: Deudas históricas del arte y de la cultura. JM Gutiérrez Bravo. 
Me bajo un rato a la calle: Memorias de un preadolescente .. . Aventuras, vivencias y descubrimientos (IX). AH.   
Tarimilla literariaAsí nació el Sistema Redacta. Didáctica de 6-8 años. Carriles. CUR
Tarimilla literaria: La gallina del “No pasarán”. R. Duque de Aza
Lectura detenida de viejos textos de oro: La Didajé (VI). CUR.
Nuestra Escuela de Vanguardia: Institución La Salle. Cincuentenario (I) H. Celestino. 
Carta a los señores obisposSobre dónde poner el acento desde el Magisterio. AFDA.










En tiempo de crisis, vuelta al primitivo ser de las cosas

El buen profesor se mueve siempre en el amanecer de la Creación, sorprende las realidades que trata de enseñar en el momento fresco de su nacimiento. Le fascina a él mismo su presencia y su docencia transmite ese temblor primero de lo naciente.

·         Si es profesor de literatura, sabe lo suficiente del Cantar de Mío Cid y, al leer con sus alumnos ya el primer verso, se emociona. Está viendo con el juglar del Cantar a Rodrigo Díaz de Vivar que se despide de los suyos, vuelve la cabeza, mira y llora recio en silencio:
De los sos ojos tan fuertemientre llorando,
tornava la cabeça e estávalos catando.


No repite ante sus alumnos hecho concepto y fórmula más o menos precisa lo que sabe. Pretende que ellos, saltando por encima del concepto, se levanten y alcancen la intuición del Cantar, que no se detengan en el Cantar hecho cifra por la crítica literaria y que se instalen en el Cantar vivo, palpitante, recién copiado por Per Abat o que está en esos momentos  recitando el juglar en la plaza de un pueblo castellano o en un castillo medieval. Que lo lean y vivan por dentro.


En tiempos de crisis hay que recobrar la dimensión de profundidad. El alumno se interesará por lo que le enseñamos si somos profundos. Los conceptos en tiempo de crisis están devaluados, manoseados y marchitos. Hay que volver a las intuiciones y a la sencillez de las parábolas. Todo habrá de recordar la mañana de la Creación del mundo. Todo ha de ser nuevo. Todo, estar naciendo.


·         Otro caso. El profesor de religión ha de salir al encuentro de las realidades religiosas y no quedarse encerrado y feliz en su construcción doctrinal por muy ortodoxa que sea. El alumno no puede contentarse con el Dios que tiene encerrado en su manual de clase. Profesor y alumno han de ponerse en marcha hacia el Deus absconditus por conocer en la Creación, en la Cultura, en los Evangelios, en la Iglesia…, buscarlo. Tiene más a Dios consigo quien lo busca que quien cree poseerlo definitivamente. No que uno y otro, profesor y alumno, hagan menos teología, sino precisamente que hagan más y mejor teología. Una teología modesta, sin duda -talla de adolescente o de profesor de instituto-, pero que tenga la audacia de la inteligencia y del salto, más allá del concepto, que se alce a la intuición de las realidades transcendentes.    

Tercer ejemplo: el año de la fe. De consistir su pedagogía en repetir como hasta hoy el Credo y los artículos de la fe, será un año estéril. Es preciso que la Buena Nueva resuene como tal buena nueva, como primera noticia y como buena. ¿Solamente eso? ¡Solamente!

Los predicadores leen la primera bienaventuranza y, enseguida, toman la piqueta ante sus fieles para echar abajo los ídolos de la riqueza, las estatuas del egoísmo, los monumentos al dios Dinero… Se van a las consecuencias morales. Habrían de detenerse en el asombro y la novedad de que se nos dé la noticia de que son felices los humildes, los pobres. Y de que esto, contra toda apariencia en contra, es así. Y tan es así que hay que ir por el incensario y quemar incienso ante el libro en que están escritas esas palabras: no es Dios el libro, pero contiene escrita la palabra de Dios. Cuando la vuelvan a leer, los griegos la cantarán… La liturgia posterior a la proclamación de la Palabra de Dios, del Evangelio, habría de volverse loca si sabe lo que ha leído.


PARÁBOLA QUE ENSEÑA A PONER EL ALMA ENTERA


A los sesenta años del Descubrimiento de 1492, a finales del reinado del Emperador Carlos I, las tierras de América habían cambiado sorprendentemente: se habían edificado piedra a piedra ciudades para vivir en ellas definitivamente. Algunas superaban a las de la Península con su Universidad, sus colegios, su catedral, su imprenta, el movimiento de su navegación y comercio, la vida agrícola y el pastoreo, las vastas obras de riego, las comunicaciones… Había indios que habían aprendido el latín y componían versos… Las “Nuevas Leyes” del Emperador para el gobierno de aquellas tierras presidían y daban seguridad a su próspero crecimiento.

Conquistadores y misioneros habían puesto el alma entera  en lo que hacían y emprendían. No estaban de paso, sino de cuerpo entero en su labor. Por eso, a las obras de su imaginación, de su voluntad y de sus manos les fueron poniendo los nombres que les eran más entrañables: Nueva España, Nueva Granada, Toledo, Madrid, Cartagena… El Salvador, Nuestra Señora de los Buenos Aires, San José… como si fueran hijos suyos.

Proyección didáctica

  • Delante de cada hombre, esperándole, hay siempre una “América” por descubrir.
  • Es preciso adivinar la “América” que no se ve, pero que está delante de nuestras realidades a mano.
  • Luego, navegar hacia ella, en tres carabelas: la imaginación, la voluntad indesmayable y la pasión por la obra bien hecha.
  • Finalmente: manos a la obra y piedra a piedra. 


A PIE  DE AULA


VI.  ITINERARIO PEDAGÓGICO POR MADRID

         1. En  el  quehacer diario en la Universidad no todo es estar “a pie de aula”. También se vive, en ocasiones, “a pie de calle” y  convertimos calles y plazas en un aula amplia, variada, multiforme; una memoria viva de algo de lo que fue la educación  en  nuestra historia. Pues bien,  todos los años suelo hacer con un grupo de alumnos un recorrido  que suelo bautizar con el nombre de “itinerario pedagógico”. Ciertamente es selectivo, limitado; no representa toda nuestra educación, especialmente la fecunda historia de las “escuelas cristianas”, de la educación católica;  pero es altamente significativo. Los alumnos  lo recorren expectantes y lo terminan gratamente satisfechos.
                         
Comenzamos el itinerario al pie de  la estatua de Claudio Moyano, en Atocha, junto a lo que ahora es el Ministerio de Agricultura y, en su tiempo, el Ministerio de Fomento. Las cuestiones  educacionales, como es sabido,  estaban integradas, en el siglo XIX, en dicho ministerio.  Nos reunimos, pues, para iniciar el recorrido junto a la estatua de quien fue  el ministro que al  proclamar la Ley  de Instrucción Pública –más conocida como  “Ley Moyano”-  dio nacimiento oficial a nuestro Sistema Educativo. Era el año 1857. Hoy sigue él ahí, testigo de piedra de  nuestra historia, mirando al amplio espacio madrileño de Atocha y de espaldas al  bullir continuo de gentes y de libros que llenan a diario  la llamada “Cuesta de Moyano”. Quien fue muñidor de consensos y hombre de diálogo parece estar oteando el horizonte madrileño en busca del diálogo perdido; quien creó una ley que duró, a pesar de todos sus vaivenes, más de un siglo, advierte de la brevedad, de la fugacidad de nuestras leyes actuales.

Desde aquí echamos una mirada –en fotos la mayor parte de las veces- hacia un centro emblemático de la reforma  educativa española del primer tercio del siglo XX: el llamado “Instituto-Escuela”, creado  desde el espíritu educativo de la Institución Libre de Enseñanza con el deseo de renovar la Enseñanza Secundaria en España  y construido junto al parque de El Retiro, un espacio verde que aseguraba la “proximidad a la naturaleza”,  para ser fiel a uno de los caracteres de la Escuela Nueva. Hoy  es, ampliado, el Instituto  Isabel la Católica.

         2. Subiendo por el Paseo del Prado y bordeando el  Jardín Botánico y el Museo de El Prado, avistamos el Palacio de Las Cortes y, en parada breve, recordamos el lugar donde nacen las leyes de educación, después de un proceso generalmente largo y arduo de gestación. Al contrario de la Ley Moyano, el diálogo y el consenso parecen haberse perdido en  nuestras últimas reformas, según conocen bien los alumnos.

         Unos pasos  más y nos encontramos en la calle de Alcalá  ante a lo que hoy es el Ministerio de Educación. Frente a su vistosa fachada recordamos el nacimiento de este Ministerio en el año 1900,  sus primeros pasos, sus objetivos ambiciosos y los vaivenes que, a lo largo de su historia ha sufrido. Este llamado “ministerio de entrada”, en el que los noveles e inexpertos políticos hacían méritos, ha sido uno de los ministerios más inestables, y cambiantes de titular. De ahí la excesiva producción de decretos y de órdenes… Hoy está ahí no sólo como recuerdo histórico, sino como centro impulsor –a pesar de lo limitado de sus competencias de ámbito nacional- de los nuevos caminos de la educación española.  Y caminando por la calle de Alcalá llegamos a la Puerta del Sol, ese corazón de Madrid, siempre latiendo como signo de vida de la capital. Aquí recordamos tres datos importantes de nuestra educación: uno, los tiempos de la Ilustración y la lucha contra los franceses y los afrancesados…; dos, la Segunda República, proclamada desde el balcón del Palacio de Correos, que imprimió un giro  radical a la educación española; entre el bullicio general de este lugar nos dio tiempo a  destacar las luces y las sombras de la educación de la República; y tres, ahí reside la sede de la Autonomía madrileña: el corazón administrativo de  la educación traspasada desde el Ministerio a las Comunidades, desde el centro a la periferia. Extraño caso el de esta periferia educativa situada en el mismísimo corazón de Madrid.

        3. De nuevo reanudamos el camino. En metro llegamos a la estación de Iglesia. Descendemos por el paseo de Martínez Campos. Vamos buscando un edificio emblemático e histórico de la educación española; los alumnos apuntan a alguno de los grandes edificios que bordean la acera de la derecha. No aciertan. Localizamos un pequeño, humilde edificio, ahora en obras, que albergó lo que ellos han estudiado entre la  sorpresa y la admiración: la Institución Libre de Enseñanza. Aquí tuvo su sede definitiva –entonces  las afueras de Madrid y  en el llamado Paseo del Obelisco- la obra creada por Francisco Giner de los Ríos. Aquí, en el segundo piso de  este humilde edificio, vivió y murió el que ha sido uno de los grandes de la educación española, el que no sólo influyó en la educación de no pocos españoles, sino en la política educativa y en la política sin más; el que, denostado por unos y ensalzado por otros, nos dejó un modelo educativo avanzado y moderno. Sé de sobra que muchos –la Iglesia y los católicos de nuestro país- aborrecieron esta institución educativa, especialmente por  ser modelo educativo laico. Sé que  después de la Guerra Civil se borró su recuerdo, y que sólo ha sido recuperado cuando España ha vuelto a la democracia. Sé que la “Fundación Francisco Giner de los Ríos” está reedificando el lugar, reestructurando la Institución, reordenando el archivo. Sé también que es un lugar que los alumnos –y no sólo ellos-  admiran como una de las reliquias vivas de nuestro pasado educativo.

4. Bajando la calle encontramos una placa en una esquina. Recuerda que ahí estuvo la “Residencia de Señoritas”, obra también vinculada a la Institución Libre de Enseñanza. Aquí residía, bajo la dirección de María de Maeztu,  un grupo de jóvenes universitaria que se educaban como la flor y nata femenina de la juventud española. Ellas nos encaminaron a la Residencia por antonomasia, la de sus compañeros masculinos, la Residencia de Estudiantes. Al final de la Calle del Pinar nos reciben los jardines  (romero,  cantueso, lavanda…) de lo que, llamado “Los Altos del Hipódromo”, Juan Ramón Jiménez bautizó como “La Colina de los Chopos”. Aquí, en este lugar integrado hoy en el complejo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y pegado al Instituto Ramiro de Maeztu, estuvo, desde 1915 a 1936 la Residencia de Estudiantes. Creada en 1910, estuvo primero en la calle Fortuny  y luego se instaló en este lugar que es, sin duda, un lugar emblemático y magníficamente conservado. Aquí vivieron años gloriosos la educación y la cultura españolas del siglo XX. Aquí vivieron en amigable  y creadora compañía  universitarios  de la talla Lorca, Dalí, Buñuel, Alberti, Juan Ramón, por nombrar quizás los más conocidos. La Residencia fue un núcleo vivo de la intelectualidad española que atrajo a sus salones a parte de lo más granado de la ciencia, la cultura y el arte de la Europa de entonces. La Residencia ha cerrado la celebración de  su centenario hace apenas dos años. Entre otras cosas, nos ha dejado el pequeño museo de la habitación de uno de sus estudiantes, visible desde el exterior. Es el signo de este lugar ciertamente elitista,  minoritario  y burgués, pero no por ello menos  significativo de la renovación y la regeneración que algunos españoles  buscaban y pretendían para España a través de la educación. En este lugar siguen en pie los “Edificios gemelos”, separados por las adelfas de Juan Ramón, el “Edificio Central” y el “Edificio Trasatlántico”, así bautizado por los propios estudiantes por  dar la impresión de ser la cubierta de un hermoso buque. Fue, para muchos, el buque-insignia de la llamada “Edad de Plata” de  las letras españolas del siglo XX. Hoy es un buque recuperado para las travesías de la investigación y de la cultura.

Teódulo GARCÍA REGIDOR





UN DÍA 

SE HABLÓ DEL 98



Se dijo:

La Generación del 98 fue una de las altas cimas en la historia de la cultura española. Sus integrantes fueron primordialmente escritores.

Habría que dar sin recortes la lista completa de sus grandes figuras: Unamuno, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Azorín, Machado…

Se olvida, por bastardas sinrazones políticas, al hermano de Antonio, Manuel Machado, a Ramiro de Maeztu, que sólo por su “Defensa de la Hispanidad” es una torre entre castillos, además de ser “uno de los tres” iniciales de la Generación. Se relega a Jacinto Benavente, que llenó el teatro español durante seis décadas y estaba de cartelera el mismo día de su muerte. Se mienta a Ángel Ganivet como precursor, pero no se valora su enorme talento, aunque sólo fuera por el breve y denso tomito de su “Idearium español”.


No se suelen mentar, esta vez por atender a criterios de género literario, a Menéndez Pidal. Rubén Darío es plena Generación del 98.

Si se leyera a estos grandes, algunos querrían saber de dónde vienen y se encontrarían con Galdós, con Valera, con Zorrilla, con Larra… Y, aguas arriba, con Jovellanos y el Padre Feijoo, Moratín, Cadalso… Y, un paso más, y los siglos de Oro de la literatura y el pensamiento españoles.

Naturalmente, estos eminentes estuvieron acompañados por una anónima selecta nube de maestros del pensamiento y la literatura. No se citan sus nombres, pero fueron gente eficaz, decisiva, en ocasiones más que los eminentes. Sus discípulos y los discípulos de los discípulos saben quiénes fueron.

En nuestra generación, entre nosotros, se han dado maestros que no nos parecían inferiores en pensamiento a Unamuno, en prosa a Azorín o en verso denso y medido a los Machado: Nazario González, Orizana, Guillermo Félix, Rafael Velandia, Emiliano Mencía, Manuel Domingo…

Ramiro Duque de Aza



OTRO DÍA SE HABLÓ 

DE LA ACTUALIDAD DE

FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS 

Y Apuleyo lo llevó a los papeles, en El punto: 

Mal rayo la parta, mala liendre la pique –disculpad los leísmos o laísmos por amor a Delibes-, cuán aturullada y desenvuelta de costumbres éticas y morales anda, si es que anda y no se está quieta y hundida la sociedad española actual, que no hay por donde cogerla limpia de los polvos que amontona, llámense explícitamente expolios, tentaciones, corrupciones, ocultaciones, tresporcientos, espionajes, desahucios, dosieres, malos eres, omisiones, malversaciones, prevaricaciones y receptaciones irregulares varias, entre otras flores que huelen mal en este país. (Y eso, por delante y por detrás de las huelgas sevillano-granadinas-onubenses y madrileñas de los basureros “bienpagaos”). ¡Ale, ole! Baile de datos y cifras flamencas, para tapar la impunidad. Y que todo siga igual. O peor.

¡Qué bueno sería que volviera aquí, a este congreso y senado parlamentarios vanamente forrados y bífidos, que proclaman que se desnudan económicamente hablando pero no lo hacen de verdad, porque esconden sus vergüenzas con los subterfugios ilusorios de las declaraciones de la renta amañadas, de PP a PSOE e IU y aun demás partidos. ¡Qué bueno que volviera, repito, el excelentísimo Padre  jesuita José Francisco de Isla, que allá en el décimo octavo siglo denunció las lacras sermoneadoras de la Iglesia, otra que tal, en su famosísima diatriba novelesca intitulada “Fray Gerundio de Campazas”, predicador de altos vuelos eruditos que intentaba sanear los púlpitos y los altares, hijo sin embargo de Antón Zotes! Zotes a tope es igual a tonto, pero cuántos tontos de parecido semblante y “cara oblonga” han resultado listos útiles para sí mismos. Mucho pregonar, pero no dar trigo, igual que entonces. Y en esas, tan tiesas, estamos que no nos sostenemos los que somos dignos y probos de toda probidad.

Vivimos en un sin vivir en nosotros mismos, y tan alta vida esperamos, que morimos porque no morimos, a pesar de lo cual sí que muchos paisanos depauperados y desesperados se tiran de la casa propia para abajo antes de que se la quiten. Vamos de cráneo todos, señor, porque el cráneo lo tenemos o lo tienen lleno de serrín.

Y la prensa en estos casos puntuales se escandaliza con razón, pero encuentra tantas trabas, tantas ataduras, tanta confusión en el desenfreno y tejemaneje de los dineros bastardos, barceneros, gurtelianos, gasolineros, peperos o psoeces, que no acierta a resolverlos y un día y otro se confunde, se obceca, se desmiente a sí misma, se contradice, y sigue la casa de la patria sin barrer. ¿Hasta cuándo?

Estamos, he escrito, en tiempos de obcecación y de malversación de unos pocos frente a otros innumerables, y no salimos del atolladero/matadero.

Yo, por eso, también soy un indignado. Fray Gerundio no intentó cargarse a la Iglesia Católica, sino a su modo satírico purificarla. Con él estoy. Esta es la lección de mi columna. Me debo a la actualidad.
APULEYO SOTO


EL TERCER DÍA 

SE HABLÓ DE LIBROS DE TEXTO 


SE DIJO QUE OJO CON LOS LIBROS DE TEXTO                                        (I)


1.  Porque dan pensado el pensamiento que habría de surgir del fondo del alumno

De José Cadalso y Vázquez de Andrade, gaditano, es la sátira breve y ligera titulada Eruditos a la violeta. La publicó “en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco”.

Hoy, nuestros “estudiantes-masa” no pretenden saber mucho. Acuden a los centros escolares porque no les queda otro remedio. En ellos se defienden de los profesores que tratan de enseñarles cuatro cosas o tres, de los exámenes que habrán de sortear y de las asignaturas que les será preciso aprobar entre junio y setiembre, un año u otro. A lo mejor, nuestros “estudiantes-masa” de hoy no llegan ni siquiera a eruditos a la violeta. Cadalso, en este caso, no se metería con ellos. El “estudiante-masa” de nuestros días pretende ir a su aire por el camino del bienestar que le tienen abierto delante de su marcha. Si logra, al final de los estudios, una colocación en un organismo oficial que le asegure unas perras y le exija escaso esfuerzo, habrá alcanzado su paraíso en la tierra.

Por esta rampa de facilidades le ayudan a deslizarse los libros de texto que la sociedad pone en sus manos. En vez de facilitar el aprendizaje del alumno, con frecuencia, el libro de texto le desgana y anula.

Lo que debería ser un manantial de vida cultivada y encender el afán innato de saber que trae el hombre a este mundo, apaga la llama de su espíritu inquisitivo y convierte el texto en cuestión en un recetario de respuestas por las que el alumno ni ha preguntado.

El libro de texto le dispensa al alumno del esfuerzo de pensar. En él se la da pensado el pensamiento del autor. El libro no le lleva a razonar. Por más que no debiera ser así, le lleva a repetir. No sabe más porque el libro tenga más información y el alumno la lea. En todo caso, habrá almacenado más conocimientos solamente. Sólo se podrá decir de él tan poca cosa como que tiene la cabeza bien amueblada.

El hecho no es nuevo. Cinco siglos antes de nuestra era, Platón, en varios pasajes de sus obras nos pone en guardia contra la enseñanza basada en la escritura y la lectura, entonces en pañales. Platón se decantaba en su tiempo por la enseñanza tradicional, basada en el aprendizaje de los poemas homéricos.

Si el alumno de Platón se sabe de memoria la Ilíada es porque la ha oído muchas veces. Se le ha ido hecho familiar con la repetición de ocasiones. Conoce la Ilíada a fondo. Puede relacionar su vida y su entorno con ella. Le va acompañando por donde vaya.

Quien sólo ha leído la Ilíada una vez y la guarda en su casa, puede pensar  que la conoce perfectamente ya que la tiene a mano y en cualquier momento puede volver a leerla. Pero su conocimiento es superficial. Para Platón el conocimiento que este alumno tiene de la Ilíada es un saber sino un pseudo-saber. Platón quiere algo de más calado. Nosotros, también.

 
Qhreuthz





ANTONIO MACHADO NO SE HA IDO DE SEGOVIA, TODAVÍA

Antonio Machado. Segovia.
Escultura de Emiliano Barral.
El 22 de febrero de 1939, hace pues 7 décadas, moría desterrado junto al mar en Collioure, Francia, el poeta “del tiempo”, don Antonio Machado “el bueno”, que había residido en Segovia como profesor de francés durante 17 años, algunos más que en Soria con Leonor. Apunto el dato para distinguir y resaltar la desidia con que hemos tratado y promocionado hasta ahora su estancia intelectual y física entre nosotros, frente a la divulgación numantina popular con la que nos cogió la delantera la ciudad en la que “el Duero traza su curva de ballesta”.

El Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, que dirige con intenso acierto y entusiasmo Gonzalo Santonja, le ha homenajeado en el “Juan Bravo” con una exposición de los manuscritos de “Campos de Castilla”, cartas, libros, borradores con tachaduras, documentos varios y otras herencias del artista sevillano, y lo ha hecho con el apoyo de la Diputación Provincial Segoviana. Así se hace, Monsalve, aunque sea tarde. Eso está de perlas. Gracias.


Lo ha contado maravillosamente bien Rodrigo González Martín en “El Adelantado” y yo sumo mi pluma a la suya y a la del protagonista, Machado, con el que “hoy es siempre todavía”. Y mañana, también. ¿Por qué no, si la poesía es “palabra esencial en el tiempo”?


Ahora, la Academia de San Quirce, propietaria de la pensión y el jardincillo con el busto que le esculpió Emiliano Barral en piedra rosada de Sepúlveda, y que tanto ha dado que hablar y escribir, recibe el testigo de parte de las “tertulias martianas” de Ignacio Sanz en la fenecida Caja Segovia. (Ignacio debe de estar ahíto ya y hasta el moño de desconsolaciones literarias recibidas en su tierra de Mar de Pinares).


 Está reciclando, la Academia, digo, la aclamación anual del “sevillano universal”, que contará sin duda con la pléyade de poetas profesores españoles que coordina Norberto García Hernánz, iluminado, ensimismado y obnubilado poeta/profesor también, que se derrama día a día, machaconamente, por la virtual y eficacísima Internet. Que así siga siendo, Maestro Norberto.


Yo seré un escuchador y observador más del recital machadiano a las puertas segovianas de la primavera, porque hay mucho que me asemeja e identifica con el que “nació en un patio de Sevilla en el que florecía el limonero”, entre otros pormenores o por mayores, los de fumar en pipa y tomarle en consideración al tiempo que nos lleva.

Lo dicho: Que aquel poeta perenne ante cuya tumba me arrodillé para rezarle una mañana de abril de 1971 en Collioure, siga más vivo que nunca. Y en Segovia. Aunque no nos devuelvan su cuerpo, podremos gozar de su alma.

Apuleyo Soto











Papa Bendictus, benedictus este: bendito seas, papa Benedicto.

’Amigo Benedicto, no cae usted nada bien’. Así iniciaba mi comentario en el post del pasado 13 de diciembre, donde me aventuraba a  comentar las sorprendentes afirmaciones que Su Santidad hace en su obra ‘La infancia de Jesús’, y en las que, pareciendo ignorar la tradición de siglos,  pone en tela de juicio, entre otras curiosidades,  la presencia de la mula y el buey en el portal de Belén, la del establo convertido en improvisada cuna  para el neonato, o la procedencia de los Magos que siempre creímos ver llegar por Oriente.
Tras la publicación de esa entrada, un buen amigo me enviaba el libro en cuestión, y me sugería su atenta lectura. He de reconocer que mis afirmaciones de entonces, guiadas más por la apreciación y comentario generales que por la exégesis objetiva del texto, no contaban con el necesario rigor.
En cualquier caso, mi valoración del que fue  y seguirá siendo cardenal Joseph Ratzinger, ha experimentado ahora, a raíz de sus últimas declaraciones, una  sustancial modificación.
En recientes manifestaciones, el Pontífice  parecía dar a entender su posible renuncia, que nadie pareció adivinar. Cuando un Papa alcanza la clara conciencia de que ya no es física, mental y espiritualmente capaz de llevar a cabo su encargo, entonces tiene en algunas circunstancias el derecho, y hasta el deber, de dimitir, opinaba el propio Benedicto XVI en la entrevista concedida hace un par de años al periodista alemán Peter Seewald.  Palabras llenas de lógica y buen criterio, pero que la evidencia de siglos no conducía  a  calificar de premonitorias.
Sólo dos papas, a lo largo de más de veinte  siglos, renunciaron a su función pontifical. Celestino V, en 1294, y Gregorio XII, en 1415. La condición de eremita impenitente del primero le llevó a la renuncia y retirada tras sólo seis meses de pontificado. Actitud que los fieles no parecieron perdonar, y que llevó a Bonifacio VIII, su sucesor en la silla de San Pedro, a apresarlo y encarcelarlo hasta la muerte. El propio Dante, en La Divina  Comedia,  tilda al Papa Celestino de cobarde, y lo sitúa, con los inútiles y neutrales, en el vestíbulo del infierno. Por su parte, el cese de Gregorio XII no se debió a la renuncia de éste, sino que fue resultado de las controversias surgidas tras el que se conoce como Cisma de Occidente, y que, tras una convulsa sucesión de papas y antipapas, acabó con el nombramiento de Martín V y relegó al Papa Celestino V, electo en 1406,   a la muerte de Inocencio VII, a regentar hasta su muerte el arzobispado de Porto.
Muchas y muy distintas interpretaciones están surgiendo tras la sorprendente y al  parecer  irrevocable decisión del Sumo Pontífice de renunciar a sus responsabilidades como máximo representante de la Iglesia y cabeza visible de Cristo, y retirarse a la soledad y el silencio de la clausura monacal para dedicar los años que le resten a la meditación, la oración y el disfrute de sus aficiones preferidas: la escritura y la música. Sus publicaciones se cuentan por decenas y son conocidas sus aptitudes de pianista y su melomanía, de manera  especial  por las composiciones de Mozart.
La versión oficial: la debilidad de su salud y la natural fatiga correspondiente a su avanzada edad. Repetidas operaciones de corazón, reiterados episodios de mareo, algunas caídas con evidente riesgo para su integridad, alguna fractura… Esas y no otras  razones son las esgrimidas por el propio Pontífice para justificar su dimisión.
A nadie se le escapan las intrigas y tensiones. que  muy bien podrían calificarse de palaciegas y a las que ninguna corte -la del Vaticano no había de ser menos- escapa. La Institución de la Iglesia, comunidad constituida y regida por seres humanos, no puede soslayar las debilidades de éstos, sus conflictos de intereses y sus diferentes criterios a la hora de interpretar la realidad social o tratar de ensayar y abrir nuevos caminos a  la espiritualidad y a la moral.
Estamos convencidos de que la decisión, histórica sin duda, ha correspondido al propio Ratzinger. Las razones que, con mayor o menor peso hayan podido acompañar a la debilidad física y a la mediatización que ésta supone para el buen desempeño de la labor pastoral al frente  de la Iglesia, se nos escapan. Desde dónde y con qué fuerza hayan podido surgir consideraciones, sugerencias o presiones, es algo que por el momento nadie parece  reconocer,  aunque algunos, benévola o malévolamente, parecen sugerir.
En cualquier caso, y desde la proximidad o la distancia a las ideas del todavía Jefe de la Iglesia, y a su actitud más conservadora que progresista, que unos celebran y a otros enerva, ha de serle reconocido un claro mérito: el de una decisión que hace frente a la historia y a la tradición casi milenaria, que necesariamente ha de agradar a unos y disgustar a otros, pero que en cualquier caso merece ser calificada de juiciosa. El honor puede ser vitalicio; el desempeño de una misión que requiere la mayor claridad mental y equilibrio, tienen, es preciso reconocerlo, fecha de caducidad. Más de un dirigente de otras sedes no muy lejanas al Vaticano deberían tomar lección.

Enhorabuena, Benedicto XVI. Felicidades por una decisión que le honra y que sienta un claro precedente. Y ojo, señor cardenal a quien haya de corresponder la sucesión: puede que la imagen que hasta hoy resultaba impensable, acabe más pronto que tarde  -ojalá no tenga nunca lugar- convertida en novedosa realidad: manifestantes convocados en la Plaza de San Pedro, vociferando un lema  ensayado, ante los ojos atónitos de la guardia suiza: ¡Váyase, señor Pontífice!


Desde aquí, nuestro reconocimiento a quien, ocupando el más alto privilegio, supo reconocer su condición humana y sus limitaciones, y no dudó en renunciar a aquél, en beneficio de quienes hasta allí quisieron encumbrarle. Ningún aval mejor para lo que aquí afirmamos, que las palabras que el propio Ratzinger pronunció en su discurso de investidura, en abril de 2005:  Queridos hermanos y hermanas: después del gran papa Juan Pablo II,  los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor.  Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones.

Ángel Hernández




 REGRESO A GRANADA

Con los nuevos tiempos

ya no es como era

la laguna verde

de las Siete Yeguas,

aquella tan sola

cubierta de yerba,

en la que mojaron

sueños de grandeza

unos niños áureos

en su adolescencia.



Hoy quise acercarme

a la ventisquera
por la veredita
que es una culebra
de piel escamada,
repta que te repta.
Hoy quise acercarme
y no hubo manera.
Desde Solynieve,
prohibida la senda.
Adiós las canciones
porque ya no suenan
ni el corazón salta
igual que una cierva
herida de amor
en la edad sincera.

No sube el tranvía,
las aves no vuelan;
no hay muchachos corzos
subiendo la cuesta,
ni piafan caballos
al pie del Veleta.
“Atrás, atrás todos”,
reza la leyenda
del turismo en masa:
“Hay que dar la vuelta”.
Pero ¿vuelta a qué?
Las yeguas monteras
ya tampoco pacen.
¡Ausencia, ay, ausencia!
¡Ay, los tristes tiempos
de la edad moderna
en los que se exilia
la Naturaleza!
¿Cuándo volveremos
a la edad de piedra,
nieve recamada
y agua placentera,
en que conquistamos
el sol de la alteza
con los pies calzados,
las almas enhiestas,
los brazos abiertos,
fuertes las caderas,
la frente nimbada
con rubor de estrellas?
Recuerdos, ternuras,
infancias, destrezas,
amistades limpias,
nubes pasajeras…
Somos, somos, somos
lo que fuimos, ea,
granadas granadas,
granadas abiertas.

                                                Apuleyo Soto

(A Carlos Alda y Gonzalo Rodríguez, con los que volví al Veleta en junio de 2011)





EL ARTE SUBLIME DE LA EDUCACIÓN

¡Educación, educación!
Ay, cuánta hermosa lección
que dictar a sombra y soles.
¿Dónde están los profesores
que derramen sus amores
en tan digna profesión?
Todo lo demás son flores
huecas sin pasión ni son
ni olores.
                  
                                                      Apuleyo Soto






¡El problema del mal! Cuántas veces hemos dudado de que exista un Dios que permite tantas injusticias como se cometen  en el mundo. Si fácilmente admitimos  y proclamamos  nuestra fe en la existencia de Dios como Creador de la naturaleza, a la vista de los reveses injustos de la vida nos sentimos llevados,  quizás muchas veces más,  a negar que exista…

Muchos abandonan a Dios porque no les resuelve mágicamente los problemas y los fracasos de su historia personal. Y son muchos más los que niegan la existencia de Dios porque juzgan incompatible a Dios con el espectáculo dantesco del sufrimiento humano, particularmente de los seres humanos inocentes  y  socialmente  más débiles…



      El poeta leonés Miguel Combarros (Barrientos de la Vega, 1930-), por su experiencia de misionero, conoce de cerca el mayor de los crímenes perpetrados por los hombres civilizados: la muerte por hambre de miles de niños  cada día en África. Antes de nombrar al culpable, nuestro vate, en diálogo con Dios,  da detalles hirientes del sufrimiento de esos niños: “¿Por qué se van sin estrenar la vida/ sin sentir otros besos/ que los besos de fuego de la fiebre…/ y sin otras caricias/ que el azote del hambre en sus entrañas…?”

El Dios del redentorista Miguel Combarros es el Dios de Jesús,  un Dios que es Amor y Ternura y Padre, y que, por tanto, no puede ser el causante del horrible genocidio de esos niños, precisamente Él que los ha llamado uno a uno “a la vida y a la dicha”. Y el poeta rechaza de plano  la solución espontánea y recurrente en labios de muchos cristianos: que intervenga el Dios Todopoderoso y convierta las piedras en panes…

No, no será la intervención portentosa de Dios la que detendrá esa sangría incesante de niños africanos matados por el hambre. Miguel Combarros apunta certeramente al único culpable del  cruel infanticidio: “Basta sólo romper el egoísmo/ del corazón humano”. Claro que este culpable genocida y al mismo tiempo la única solución contra la hambruna africana  no somos ni tú ni yo, sino que son los gobernantes de las naciones los que de común acuerdo  tienen que poner fin a la matanza de niños en África. En cambio, nosotros también deformamos el rostro del Dios de Jesús cuando  recurrimos a Él para que nos salve milagrosamente de nuestros propios  fracasos y  desgracias o de los infortunios que afectan a nuestros  seres queridos. Aún actuaríamos peor si  pensáramos que Dios mismo es el que nos envía cualquier tipo de mal (físico, laboral, psíquico, social…) por nuestros pecados…

Eduardo Malvido

(N.B. El apellido del poeta le habrá hecho preguntarse a más de uno: 
“¿Tendrá algo que ver este poeta con el H. Tarsicio –Francisco Combarros-?” 
Pues sí, señor. Miguel Combarros es resobrino del H. Tarsicio, 
a quien dedicó un magnífico poema en el libro “Oficio de la luz”)


ENDECHA POR LOS NIÑOS DE ÁFRICA


Los niños no, Señor,
que no mueran los niños.
¿Cómo puedo creer que sean tus hijos
tantos miles de niños africanos
que se mueren de hambre cada día?

¿Por qué se van sin estrenar la vida,
sin sentir otros besos
que los besos de fuego de la fiebre
como sol tropical que los consume,
y sin otras caricias
que el azote del hambre en sus entrañas
sobre su cuerpo frágil y desnudo?
Les cerca la certeza de la muerte
como una espesa selva impenetrable.

Ya sé que eres amor y que alimentas
a pájaros y lirios.
¿Cómo vas a dejar abandonado
el fruto de tu sangre y tu ternura?
Bien sé que son tus hijos y conoces
su nombre uno por uno y por su nombre
los llamaste a la vida y a la dicha.
Ellos también te llaman “Padre”
y te cantan alegres en las noches de luna.

Para estos niños de ébano
que se mueren de hambre,
porque todos les niegan
su mínima ración de vida y canto,
que no saben reír porque nadie los ama,
sólo te pido amor,
siquiera unas migajas
del amor que trajiste Tú a la tierra.

No hace falta el milagro
de convertir en pan
las piedras del camino.
Basta sólo romper el egoísmo
del corazón humano,
y brotará espontáneo en el desierto
ese bíblico río de amor y de abundancia
que saciará a la tierra.

                                                                       Miguel COMBARROS


DISPARATORIO




Juro por las barbas del Profeta que un día, sobre la mesa de clase de un alumno, 
se escribió o dijo lo que sigue:



Epíteto: lo que se escribe sobre las tumbas. (Matilde O)

Poeta nicaragüense, “príncipe de las letras castellanas”, primera figura del modernismo: Rubén Diario.(Luis Carlos M)

Los versos de La vida es sueño de Calderón: Ay mísero de mí, y ay, infelice! Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así qué delito cometí contra vosotros naciendo. El alumno declama: ¡Ay, mísero de mí, ay, infieles! (José Miguel V)

Epíteto: "Lo que se escribe sobre las tumbas"
Tórtolas. Uno de nosotros lee en voz alta el evangelio del ída de la Presentación del Niño Jesús en el templo de Jerusalén: La ley de Moisés decía que todo varón primogénito sería consagrado al Señor y ofrecer en sacrificio, como todos los hebreos pobres, un par de tortillas… (Después de esto, MSS, no cambió de mote, le seguimos llamando “Aramba” porque no pronunciaba el sonido k).

Obra capital del Mester de Clerecía, de Gonzalo de Bercero: La Virgen de Lourdes. (Marta T)

Autor de “La rebelión de las masas”: Ortega y Casset: (Jaime P)

Barroco: Estilo de las columnas retorcidas del templo de Salomón. (Francisco P)

Sujeto de la oración omitido: Sujeto epiléptico. (Patricia R)

Quevedo era cojo, pero de un solo pie. (¿?)

Fray Luis de León compuso una oda al campo:A la vida en el Retiro(Rafael L). El profesor: En el Retiro de Madrid y  Velázquez pintó “Las mellizas”.

Cuando menos se espera, salta la liebre
Don Andrés Hibernón, inspector, pregunta por máximas del Santo Evangelio en el Colegio de Santa Susana, Madrid: Cuando menos se espera, salta la liebre. (Francisco S).

Crispín es un gran señor, y Leandro, su escudero en una obra cumbre de Benavente: Los intereses criados. (Alex S)

Hábleme de los etruscos: Su rey era Etrurio y la capital de su reino, Etrusca. (Examen de Estado, oral. El profesor levanta la caja de cerillas que tapa la casilla de la nota, mueve en redondo su lápiz y vuelve a tapar la casilla). ¡Siguiente!
CUR      




MANOS AMIGAS INFORMAN


  Tengo un hijo disléxico, ¿cómo puedo ayudarle?



Me llama una amiga para comentarme que ha estado en el colegio de su hijo,  tiene ocho años y cursa 3º de Educación Primaria,  y le han dicho que posiblemente tenga dislexia. Le han hecho pruebas y han comprobado que su rendimiento y los resultados académicos, que no son buenos, nada tienen que ver con su cociente intelectual que está algo por encima de la media. También le han dicho que la fluidez lectora no alcanza el nivel exigido teniendo en cuenta su edad y el curso al que pertenece. Cuando escribe invierte fonemas y sílabas, omite y cambia palabras y  su escritura al dictado es deficiente

Me pide consejo porque, como madre, no sabe qué puede hacer para ayudarle.

En primer lugar me dispongo, de manera sucinta, a explicarle en qué consiste la dislexia.

La dislexia es un trastorno de origen neurobiológico. Se manifiesta en la dificultad para el aprendizaje de la lectura, escritura, problemas de orientación espacial y temporal, en ocasiones puede afectar en el cálculo y la lógica matemática y de igual forma existen niños disléxicos que presentan problemas a nivel motriz.
La dislexia es independiente de cualquier causa intelectual, cultural y emocional, y que por tanto se da a pesar de una inteligencia adecuada y de una escolarización convencional.

¿Cuales son los síntomas?

Lectura
El niño disléxico confunde letras, cambia sílabas, y sustituyen unas palabras por otras. Lee sin comprender.

Al leer presenta repeticiones, omisiones /adiciones de letras o palabras.

Al realizar actividades de lectoescritura se queja de sentir o percibir movimientos que en realidad no existen.

Escritura y ortografía

Tiene problemas en la escritura y en el copiado: hace inversiones, omisiones, adiciones y sustituciones de letras y palabras.
A menudo la escritura varía pudiendo ser ilegible en algunos momentos.
Su ortografía es fonética e inconstante; comete a menudo errores ortográficos.
La manera de tomar el lápiz es diferente, hace demasiada presión sobre el papel.
 
Teniendo en cuenta que en el colegio, tanto en el aula como en el Departamento de Orientación, se ocuparán en trabajarle la orientación espacial, la orientación temporal, la lateralidad, la psicomotricidad, la grafomotricidad, las seriaciones, etc, la labor de los padres es la siguiente:


Reforzarle la autoestima. El niño debe saber que no es tonto ni tampoco vago y que sus padres se interesan por él y le van a ayudar.

No trasmitirle ansiedad. La ansiedad de los padres puede traer problemas emocionales añadidos
Darle pautas claras cuando se le encomienda una tarea y no exigirle que esté bien hecha a la primera pero tampoco consentirle que la deje inacabada o mal hecha sin haberse esforzado por conseguir los mejores resultados.

Sistematizar los procesos.

Valorarle el esfuerzo y el interés mostrado al realizar la tarea, más que el propio resultado.

No compararle nunca con un igual (hermano, amigo o compañero).

Debemos entenderle y atenderle pero nunca sobre protegerle ni compadecerle. Hay que tener siempre presente que es un niño normal al que tenemos que ayudar a superar algunas dificultades.

Espero que a mi amiga le sirvan de ayuda mis recomendaciones y que su hijo, poco a poco, con la ayuda de todos los que intervienen en su proceso educativo y, sobre todo, con la comprensión, atención y exigencia  de los que le quieren, supere esas dificultades.

Aure Bascuñana
                                      







LA ESCUELA FRANCESA DE GIMNASIA

     Durante el siglo XIX hubo en Europa tres escuelas de gimnasia más una deportiva. Tuvieron vigencia durante todo ese siglo. A partir del siglo XX se produce una evolución hacia los llamados Movimientos Gimnásticos.
Una de las escuelas gimnásticas es la francesa. Hablar de Escuela Francesa es hablar de Francisco Amorós y Ondeano, conde de Sotelo (Valencia, 1770-París, 1848), coronel del ejército español, exiliado en Francia por “afrancesado”, en 1814.
Francisco Amorós y Ondeano,
conde de Sotelo.
En 1818 se funda en París la Escuela Gimnástica Militar, cuya dirección se encarga al nuevo súbdito francés Francisco Amorós, gracias al prestigio adquirido años atrás pos sus cursos de gimnasia impartidos en el ámbito militar. Dos años después se agrega la sección civil. Las bases de la Escuela Francesa de gimnasia estaban sentadas.
     Pero, ¿qué formación poseía Amorós para obtener tal prestigio en poco tiempo en su nuevo país? Para responder a este interrogante regresaremos 30 años en el tiempo.

Como oficial del ejército español con 23 años, en 1790, instruye a los soldados en los ejercicios físicos inspirado en las ideas de Pestalozzi. Métodos que adapta y aplica según considera oportuno.
    Pero no estaba solo. Ilustrados de gran influencia, como Gaspar de Jovellanos o Francisco de Cabarrús,  ya planteaban la actividad física como recurso educativo. En aquél ambiente, Amorós gestó sus métodos educativos que culminaron en un sistema original de Educación Física, Gimnástica y Moral.
Y fue, efectivamente, un sistema original. Tanto los ejercicios físicos que proponía como los aparatos que construyó, fueron anteriores a los que surgen en las escuelas sueca y alemana. Diversos autores empiezan a contar el método amorosiano a partir de 1830, cuando publica su gran obra; “Manuel d´education physique, gymnastique et morale”. Toda una filosofía y un tratado educativo de dos tomos de unas 500 páginas cada uno. Pero su método ya estaba forjado desde finales del siglo XVIII, antes de que dichas escuelas surgieran.
     Desgraciadamente su obra estuvo vetada en España por su condición de afrancesado, aunque en La Habana y en Méjico, discípulos de Amorós  fundaron escuelas de gimnasia. Su método, no solo podría haber sido la Escuela Española de Gimnasia, sino que hubiera sido la pionera en Europa de no haber mediado la terrible tragedia de la Guerra de la Independencia.
Aparatos de gimnasia amorosiana.
Amorós, hombre ilustrado, de gran formación humanística, alcanzó el grado de coronel del ejército español en 1803. Perteneció a una familia noble y tuvo una posición influyente en la España de su tiempo; llegó a ser secretario particular de Carlos IV, ostentando diversos cargos políticos y militares. También fue instructor del infante don Francisco de Paula. Gracias a estas influencias consiguió la importante suma de 1.000.000 de francos para la creación del Instituto Pestalozziano en 1806. Allí desarrollaría su método en la brevísima existencia del Centro.
    Es interesante revisar su método. Incluía ejercicios físicos de suspensión con barras, trapecios, pértigas y escalas; también contenía ejercicios de equilibrio y su aplicación a salvamentos, saltos, marchas con zancos, etc. Durante el ejercicio los participantes cantaban a coro canciones compuestas por músicos de la Corte. Y en los descansos de esta actividad daba clases de anatomía, música y planteamientos éticos y morales. También les hacía rellenar una “hoja fisiológica”.

Su línea de trabajo puede considerarse que fue muy adelantada para su tiempo. Su método respondía a la educación corporal y moral que se venía demandando desde el Renacimiento, según el modelo heleno del ciudadano integral.
En Francia sube en la escala social, adquiriendo gran prestigio. Es nombrado Inspector General de todos los gimnasios estatales. El rey Carlos XVIII le confía la educación física del Príncipe de Artois, heredero de la corona.
   Escribió también muchos libros de educación básica, nutrición y enfermedades, entre otros temas. Amorós no desligó nunca lo físico de lo intelectual y de lo moral. Tan importante era para él tener un cuerpo fuerte como poseer unas actitudes morales y religiosas íntegras.
Su educación física puede considerarse muy moderna; incluso, superior en muchos aspectos a la que actualmente se imparte en España, llena de trabas y fobias, donde se incide sobre lo superfluo y se soslaya lo fundamental.
Bibliografía consultada:
-Caldito,  Elena y otros (2011)Francisco Amorós. El Primer Gimnasiarca” Español”. http://www.museodel juego.org.
-Fernández Sirvent, Rafael. (2002). Aproximación a la obra de un afrancesado: el coronel Francisco Amorós y Ondeano.  Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea. Universidad de Alicante. Alicante
- Fernández Sirvent, Rafael. (2006) Francisco Amorós, alma mater del Instituto pestalozziano. Universidad de Alicante. Alicante
-Langlade, A. y Rey de Langlade, N. (1986). Teoría General de la Gimnasia”. Buenos Aires: Stadium.
- Martínez, Mª Eugenia y Hernández, Juan Luis. “Francisco Amorós y Ondeano. Las investigaciones actuales y la revisión de su trabajo y su método”. http://www.cafyd.com
Francisco Sáez





31 de mayo, viernes:


Encuentro en la Plaza Mayor y paseo vespertino.
Cena, junto a Cuchilleros, para reponernos del paseo.

1 de junio, sábado:


Encuentro en Griñón con los Hermanos y con los recuerdos.
Breve sesión académica y ensayo coral.
Santa Misa de acción de gracias.
Almuerzo y sobremesa, con dimes y diretes.




Concierto en Madrid (sala sinfónica del Auditorio Nacional).
Cena junto al Teatro Real, salpicada de arias y canciones.